Los Domingos, la última película de Alauda Ruiz de Azu, se estrenó en los cines españoles en otoño. La trama es sencilla: cerca del final del instituto, Ainara, una adolescente cuya madre ha fallecido, anuncia a su familia que está pensando en hacerse monja en un convento en lugar de ir a la universidad. Cómo reciben la noticia sus seres queridos, cómo intentan disuadirla y cómo ella vive su vocación son los temas centrales de la película.
Ganadora de la Concha de Oro en el último festival de San Sebastián, la película es también una de las más taquilleras de las salas españolas, donde permanece meses después de su estreno. Esto demuestra que logró conquistar a la crítica, pero también a todo tipo de público.
La religión en el centro
Una de las virtudes de esta producción es que muestra la dificultad que tenemos los seres humanos para comunicarnos de manera íntima y profunda sobre lo que es más importante para nosotros. Por ejemplo, tomar decisiones clave que afectan al futuro, en las que cuenta mucho nuestra forma de ver el mundo y el sentido que le damos a la vida. Ellos, aunque tienen un papel importante en su propia biografía, son indemostrables e irreductibles en su dimensión de compromiso personal.
Ruiz de Azua podría resultar seguidor de Ortega y Gasset. Ambos asumen que Dios, la religión y muchos otros elementos son parte de las circunstancias de vida que algunos enfrentan. Y Ainara, la protagonista, se dirige a ellos recordando la máxima de Ortega: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo".
Dos posiciones antagónicas
La directora de la película se declara no religiosa. Estaría en la línea de Sigmund Freud cuando, al no encontrar en él ningún sentimiento religioso, y a pesar de considerar la religión una ilusión, se mostró interesado y dispuesto a analizarla, sin derecho a negarlo, en "La minoría en la cultura".
En la ficción, el personaje que más desprestigia a lo divino es la tía Maita. Como filósofa, combina algunas tesis de pensadores modernos con raíces antiguas y considera a Dios y la religión en términos similares a los suyos: como proyección imaginativa (como Ludwig Feuerbach); el opio del pueblo (Karl Marx); el fenómeno de las masas manipuladas por sacerdotes (Friedrich Nietzsche) y el resultado de traumas psicológicos insuperables, como la pérdida de un progenitor para quien se busca un reemplazo simbólico (Freud).
Quizás Maite hubiera defendido mejor estos argumentos sin sus arrebatos emocionales y desmarcándose de su interés en que Ainara no decidiera en contra de su visión de un mundo sin Dios. ¿Porque realmente Maite vela por su propio bien y respeta a su sobrina a pesar del desacuerdo?

Ainara explica su llamada a su tío mientras Maite mira. BTEAM
El personaje de Sor Isabel es todo lo contrario de Maita y aspira a ser el referente más importante para Ainara. Sus intervenciones sobre el discernimiento de la adolescente no dejan dudas: el Señor la llama. Y, ante las reservas sobre la juventud de la joven, afirma que Él tiene sus tiempos. Sor Isabel y Ainara interpretan de forma irresistible la experiencia del amor divino que exige dedicación a su servicio y este sentimiento sirve para justificar la decisión de hacerse monjas en el convento.
Pero si esta superiora se preocupa por respetar la voluntad de Dios, ¿por qué asume sin mayores consideraciones el sentimiento expresado por Ainara? ¿Qué sabe ella (o cualquier otra persona) sobre los tiempos de Dios? ¿No sería aconsejable buscar señales más honestas de la vocación de una adolescente antes de tomar esa decisión? ¿Podrían el deseo y el beneficio de agregar una nueva hermana joven al monasterio a expensas de lo que es mejor para la candidata? Quizás incluso podría perjudicar una investigación más ilustrada de la supuesta voluntad divina.
tratando de entender
El filósofo estadounidense Thomas Kuhn señaló que existen paradigmas o visiones del mundo tan diferentes que pueden dar lugar a lenguajes entre los que no es posible comunicarse. ¿Cómo nos posicionamos frente a ellos en nuestra insondable comprensión última de la vida?
Nadie podía dejar de adivinar los misterios del cosmos y del ser humano. Como sostiene el filósofo y teólogo Juan Antonio Estrada, cualquier palabra supuestamente divina siempre resulta inevitablemente humana, esté inspirada por Dios o no. Y toda persona con experiencias religiosas, como Ainara, las tiene a través de su condicionamiento sociocultural, psicológico y biográfico. ¿Las religiones, el misticismo y las experiencias espirituales que expresan un más allá invisible son reducibles a aquellos factores y circunstancias que los moldean, o pueden tener detrás una referencia real o sobrenatural: Dios mismo, si corresponde?

Nagore Aramburu interpreta a la hermana Isabel, la madre superiora. BTEAM
Tía Maite, sor Isabel y Ainara parecen tenerlo claro. Pero tarde o temprano podrían cuestionar la exactitud que atribuían a su punto de vista. Podrían acoger con agrado la duda sana y humana y reconocer sus propias limitaciones y ausencia de certeza objetiva. Podrían, sin cambiar de posición, ponerse en el lugar de otro, preguntarse si sus creencias son expresión o raíz de actitudes esquivas y reactivas o asertivas y constructivas, y examinarlas para ver si redundan en su propio bienestar y en el de los demás.
Así lo vio, pragmáticamente, William James en Las variedades de la experiencia religiosa. Después de todo, hay lugar para el resentimiento en la vida, tanto en términos de afirmar a Dios como de negarlo, ya sea religioso o no.
Alauda Ruiz de Azua observa y califica como científica social. Implícitamente advierte lo mismo que la antropóloga Manuela Cantón en La razón encantada: los prejuicios hostiles que consideran la religión como meramente alienante o manipuladora no ayudan a comprenderla.
Pero su película, que integra ambigüedades, también permite aplicar una buena dosis de perspectiva, obtenida, entre otras cosas, de la llamada filosofía de la duda. En la constitución y funcionamiento de la religión, divinamente inspirada o no, no sólo hay grandeza sino también miseria e intereses humanos, materiales e inconscientes. Es necesario mostrarlos y es dudoso no hacerlo.
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