Crear empleo, crecimiento económico, estimular la innovación, atraer inversiones o aumentar la competitividad son objetivos comunes y recurrentes de toda economía global. Aunque las recetas para lograrlo difieren, hay un elemento que contribuye significativamente a su consecución: el emprendimiento, entendido como la puesta en marcha de proyectos empresariales basados en ideas innovadoras orientadas a la creación de valor.
Pero si preguntamos a cualquier niño o niña qué quiere ser cuando sea mayor, "emprendedor" no suele ser una respuesta común. Sin embargo, es importante presentarles esta opción profesional y animarles a considerarla.
La llamada "formación emprendedora", cualquier cosa que ayude a una persona a convertir una idea de negocio innovadora en un proyecto empresarial real, sitúa a los jóvenes talentos ante un camino profesional que muchos aún no se han planteado. En España, a pesar de los avances logrados en los últimos años, los jóvenes todavía no muestran una clara preferencia por el emprendimiento frente a otras alternativas de trabajo por cuenta propia.
Por otro lado, esta formación les dota de competencias y habilidades que, independientemente de si finalmente acceden a un puesto de trabajo o no, favorecen una forma de trabajar ágil, resolutiva y alineada con las exigencias del entorno actual.
Fallos en la formación emprendedora
En España, la formación en emprendimiento sigue siendo una asignatura pendiente: en una escala del 1 al 10, la educación y formación en emprendimiento en la fase escolar apenas alcanza el 2,6 según los expertos. Su evolución no es muy prometedora: de una tasa de aprobación ajustada (5,1) en 2022, pasó a un preocupante 2,1 en 2023, seguido de la ligera mejora mencionada.
En la fase universitaria y de formación profesional, la puntuación alcanza el 5,2, lo que supone una mejora significativa respecto al 4,3 de 2023, y sigue una clara tendencia al alza. A pesar de este progreso, está lejos de ser un nivel que se considere sólido. De hecho, el 68,4% de los estudiantes afirma no haber realizado cursos sobre emprendimiento.

Valoración experta (1-10) de la educación y formación emprendedora en la fase escolar y postescolar. Fuente: Informe Global Entrepreneurship Monitor: datos de España 2024-25.
Pese a ello, el emprendimiento ha ganado importancia dentro de la educación superior en los últimos años: el 92% de las universidades españolas desarrolla iniciativas para impulsarlo, más del 75% de las universidades públicas tienen estructura propia en este ámbito, y casi el 60% tiene recursos destinados específicamente a estas acciones.
Situación similar en el resto del mundo.
Los países de la Unión Europea obtienen resultados ligeramente mejores que España en la formación escolar para el emprendimiento. En cambio, son inferiores en educación postsecundaria: España alcanza el 5,2, frente al 4,5 de la media europea.
¿Y a escala global? Tanto en la fase escolar como en la postescolar, los resultados son heterogéneos y en ningún caso superan el 6,5 en la valoración profesional de la formación en emprendimiento escolar ni el 7,1 en la fase postescolar.

Formación escolar y educación empresarial en el mundo según la encuesta nacional de expertos del GEM para 2024. Ilustración creada por el Banco Mundial. Encuesta nacional de expertos GEM (https://www.gemconsortium.org/data/kei-nes).

Formación y educación postescolar en emprendimiento en el mundo según la Encuesta Nacional de Expertos GEM para 2024. Ilustración creada por el Banco Mundial. Encuesta nacional de expertos GEM (https://www.gemconsortium.org/data/kei-nes)
Ahora bien, aunque la formación es relevante, no es el único factor determinante: la infraestructura comercial de un país, su cultura, su fácil acceso a la financiación o la simplificación burocrática, entre otros aspectos, también tienen un impacto significativo y determinan que algunos países tengan mayores índices de emprendimiento que otros.
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¿Talento innato?
La capacidad de iniciar un negocio no es algo que se nace, pero tampoco depende sólo de la formación que se haya recibido. Es el resultado de una combinación de predisposiciones personales, experiencias, aprendizaje y contexto.
La educación primaria, secundaria y superior juegan un papel destacado a la hora de dar a conocer el emprendimiento como vocación profesional y, a su vez, a la hora de dotar a los estudiantes de las herramientas, conocimientos y habilidades para ejercer esta opción.
Fomentar la formación emprendedora
Integrar la formación en emprendimiento en la educación escolar significa introducir cuestiones clave como la innovación, la creación de valor compartido, la creatividad, el pensamiento crítico, la toma de decisiones en un contexto de incertidumbre y la iniciativa personal desde etapas tempranas. Hay varias formas de enseñar emprendimiento: de forma transversal, como asignatura obligatoria o como asignatura optativa. La integración transversal en el currículo es el enfoque más extendido en las primeras etapas a nivel europeo.
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En la educación superior, lo principal ahora es:
Consolidar buenas prácticas, fortalecer e institucionalizar programas de formación y asesoramiento dirigidos a talentos emprendedores universitarios.
Proporcionar mayores recursos, aumentando no solo la financiación, sino también la disponibilidad de espacios de aprendizaje seguros e infraestructura tecnológica.
Comunicar bien lo disponible, visibilizando la estrategia empresarial de los centros, su finalidad y el alcance esperado de sus iniciativas. Este esfuerzo requiere el compromiso del sector educativo, de los tomadores de decisiones políticas y, en última instancia, de la sociedad.
Todo ello desde un enfoque multidisciplinar, fomentando equipos de trabajo en los que participan estudiantes de diferentes campos del conocimiento. Cuanto mayor sea la diversidad de perfiles, más fácil será identificar oportunidades empresariales de éxito.
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