Nadie debería sorprenderse por el regreso de Estados Unidos a una nueva versión de la Doctrina Monroe al estilo Trump, destacada hace apenas una semana por el arresto del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Celia Flores.
La Doctrina Monroe fue la base teórica de una política internacional con sus vecinos continentales caracterizada por el expansionismo, el intervencionismo y el imperialismo, política que permitió a Estados Unidos expandir sus intereses económicos en América Latina (en Centroamérica, frutas; en Panamá, la construcción de canales; en Venezuela, petróleo) y que ahora busca expandirse al territorio de Groenlandia.
La Doctrina Monroe nació hace dos siglos, en 1823, en plena lucha por la independencia de los países americanos. La frase del presidente Monroe "América para los americanos" era de origen idealista e indicaba la necesidad de mantener el destino de las jóvenes repúblicas americanas al margen de cualquier interferencia europea.
La Doctrina Monroe fue un manifiesto de emancipación geopolítica: la participación europea en los procesos de independencia hispanoamericanos significó para Estados Unidos un ataque a su propia seguridad. Para un país nuevo, la posibilidad de una monarquía en Estados Unidos significaba el riesgo de desestabilización. Por tanto, para los estadounidenses, la libertad estadounidense tenía que ser republicana.
Años más tarde, en 1898, esta doctrina serviría al presidente William McKinley para afirmar el derecho natural de Estados Unidos a actuar y disponer de los países de América Latina y el Caribe.
La primera gran prueba de la propuesta de McKinley fue la Guerra de Independencia de Cuba en 1898. En 1903, Estados Unidos apoyó la separación de Panamá de Colombia, tras la victoria conservadora en la Guerra de los Mil Días, lo que habría favorecido los intereses estadounidenses en la construcción del Canal de Panamá (1904-1914).
Luego, a lo largo del siglo XX, y bajo el pretexto de reprimir los movimientos rebeldes o impedir el establecimiento del comunismo en la región, se producirá la presencia de tropas estadounidenses en República Dominicana, Haití, Nicaragua, Guatemala y la fallida invasión de Bahía de Cochinos en Cuba (1961), en un intento de derrocar al régimen castrista.
En el Cono Sur participó secretamente, a través de operaciones de la CIA, en el establecimiento de dictaduras militares en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, aunque luego se sumarían Brasil, Ecuador y Perú.
El siglo XX termina con la invasión de la isla caribeña de Granada (1983) por el ascenso del marxismo y la de Panamá (1989) para derrocar al dictador y ex aliado Manuel Noriega, acusado de narcotráfico.
Lo que comenzó el 1 de septiembre de 2020 como una gran operación para combatir el narcotráfico en aguas del Caribe terminó el 3 de enero de 2026 con la captura y traslado a Nueva York de Maduro y su esposa para ser juzgados por narcoterrorismo. Este retorno inequívoco a la Doctrina Monroe se refleja claramente en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional presentado al Congreso de Estados Unidos en diciembre de 2025.
La incursión estadounidense en territorio de Venezuela atrae una estrella de cinco puntas, cinco aspectos geopolíticos que cobran importancia en 2026:
El poder presidencial estadounidense tiende a expandirse y volverse imperial.
Nace la Doctrina Donroe: América para los americanos.
El objetivo, no el control de las ideologías, es dominar los recursos.
Consecuencias geopolíticas: ¿cómo está cambiando el panorama en otras regiones? Pensemos en los casos de China-Taiwán o Rusia-Ucrania.
El peso y la importancia de los valores democráticos, el Estado de derecho o el libre comercio palidecen ante el resurgimiento del imperialismo estadounidense.
Esto no termina aquí. El presidente Trump ha dejado claro que está interesado en hacerse con el control de otros territorios geoestratégicos: "Necesitamos Groenlandia por razones de seguridad nacional. Y en Europa, han sonado las alarmas".
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