En el corazón del DĆa de Muertos hay una creencia hermosa y conmovedora de que una vez al aƱo, los espĆritus de nuestros seres queridos regresan. No en silencio y no como sombras. Pero en luz, en color y en alegrĆa.
Por un breve momento, el velo entre los mundos se adelgaza. Los muertos no se han ido; no estƔn perdidos. Simplemente estƔn lejos y ahora serƔn bienvenidos en casa.
Y nos preparamos para ellos como lo harĆamos para cualquier invitado querido. Se limpian las casas. Las mesas estĆ”n puestas. Las ofrendas (altares de ofrendas) se construyen con amor.Las velas parpadean junto a fotografĆas enmarcadas. El pan y los tamales se colocan junto a botellas de mezcal o refresco, un libro favorito, un rosario o un juguete. Cada objeto es un susurro: "AĆŗn eres nuestro. Por favor, vuelve a casa".
Entre los aztecas y otras civilizaciones nahuas, la muerte no era vista como un final, sino como una continuación. Era un pasadizo en el gran laberinto de la existencia. La vida y la muerte eran hermanas, no extrañas.
Cuando llegó el catolicismo espaƱol en el siglo XVI, estas antiguas creencias se entrelazaron con las enseƱanzas cristianas. El resultado fue algo luminoso y en capas: el DĆa de Muertos que conocemos hoy.
Oficialmente, la celebración dura dos dĆas. El 1 de noviembre, DĆa de Todos los Santos, honra las almas de los niƱos. El 2 de noviembre, el propio DĆa de Muertos, da la bienvenida a los adultos que han fallecido.
Pero en muchos lugares, el recuerdo comienza antes, el 27 de octubre, con dĆas reservados para las almas perdidas por accidentes, ahogamientos y violencia. Hay dĆas que recuerdan a las mascotas olvidadas y queridas. A cada alma se le da espacio y es digna de luz.
La ofrenda es el corazón de cada hogar durante el DĆa de Muertos. MĆ”s que un monumento conmemorativo, es un puente para cruzar lo invisible.
Cada elemento, la sal, el agua, la fruta, el pan de muerto y el papel picado, es elegido con cuidado e intención. Estas ofrendas no sólo simbolizan el pasado, sino que nutren y guĆan. Ellos hablan.
No hay nada sombrĆo aquĆ. En cambio, hay mĆŗsica, risas, velas y narraciones.
Las tumbas son barridas y decoradas. Las familias se reúnen con guitarras y cestas de comida. Los niños juegan entre las lÔpidas. Y cuando cae la noche, los cementerios brillan con cientos de velas, cada llama es un destello de amor.
Enfrentar la muerte de esta manera (con calidez, humor, color) es un acto de valentĆa cultural. Dice que la muerte puede llegar, pero el amor permanece. Las voces pueden callarse, pero sus ecos continĆŗan.
Ninguna celebración estĆ” completa sin comida y el DĆa de Muertos es rico en sabor. El mĆ”s emblemĆ”tico es el pan de muerto, un pan suave y dulce que a menudo tiene forma de huesos y espolvoreado con azĆŗcar. Se come con chocolate caliente o con la bebida caliente atole y siempre se coloca en el altar como regalo para los espĆritus que regresan.
tamales, lunarCalaveras azucaradas y bebidas favoritas llegan a la ofrenda. No es sólo una tradición, es una reunión en un picnic sagrado compartido a lo largo del tiempo.
Al final, el DĆa de Muertos no es sólo para los muertos, es para nosotros. Nos pide vivir bien, amar profundamente y dejar atrĆ”s historias dignas de contar y gestos dignos de repetir. Nos pide que seamos el tipo de personas para las que alguien podrĆa construir un altar. Y tal vez algĆŗn dĆa lo hagan. Tal vez alguien coloque nuestra foto en un marco, encienda una vela en nuestro honor y diga nuestro nombre en voz alta.
Encontraremos el camino de regreso, atraĆdos por la memoria, la luz y el amor.
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