Imagina que estás comprando para cenar este fin de semana y ves algunas botellas de vino bonitas pero caras. No estás seguro de poder permitírtelo, pero incluso antes de abrir tu aplicación bancaria para comprobarlo, un dispositivo portátil ligero que llevas en la cabeza ya ha registrado la actividad neuronal involucrada en tu cálculo mental. Transfiere datos a su teléfono, lo que confirma que está dentro de su presupuesto.
En este escenario, utilizaría la neurotecnología.
Estamos cada vez más acostumbrados a depender de dispositivos portátiles de consumo, como relojes inteligentes y aplicaciones de fitness, para medir y estimar nuestros parámetros físicos, pero para la mayoría de nosotros, las cosas terminan ahí. La idea de conectarse con el cerebro mismo generalmente se considera algo limitado a la ciencia ficción, la investigación de vanguardia, los hospitales y los tratamientos médicos.
Sin embargo, esta nueva tecnología ya se está integrando silenciosamente en las áreas más comunes: lugares de trabajo, educación, entretenimiento, etc. No es de extrañar que no nos demos cuenta, porque la vida cotidiana esconde todo rastro de novedad. Pero la neurotecnología está creando rápidamente una nueva capa de infraestructura social.
En mi investigación, llamo a esta fase de adopción el Cambio de Neurotecnología. Lo defino como una transformación tecnocientífica, cognitiva y sociocultural particular en la que la neurotecnología migra de laboratorios y hospitales a entornos no clínicos, haciendo del cerebro mismo una interfaz cotidiana.
Excepto por los wearables
Los cambios tecnológicos de un ámbito a otro no son nuevos. Internet se concibió originalmente como un proyecto militar, pero desde entonces ha permeado casi todos los aspectos de nuestra vida diaria. Ahora, gran parte de nuestra atención (y tiempo) se dedica a interactuar no solo con pantallas, sino también con asistentes virtuales, sensores y dispositivos inteligentes. No sólo nos adaptamos a ello; Hemos cambiado la forma de relacionarnos y de entender la privacidad.
De manera similar, la neurotecnología se está retirando de otro campo –la medicina– a la vida cotidiana, con la aparición de todo tipo de nuevas empresas de neurotecnología de consumo. Este nuevo cambio no parece disruptivo a primera vista, pues llevar un dispositivo electrónico en las muñecas, las orejas o la piel ya es una sensación muy familiar. Sin embargo, estos nuevos dispositivos se están adaptando a nosotros más de lo que nosotros nos adaptamos a ellos, y es que conectan con la última frontera que separa lo biológico de lo tecnológico: el cerebro.
Si bien los dispositivos portátiles hacen inferencias basadas en parámetros físicos y de comportamiento, las neurotecnologías cotidianas hacen mucho más que esto. Mueven el límite entre la intención y la acción atrás en el tiempo. Aplicaciones como la decodificación silenciosa de voz (que traduce señales neuronales en texto o voz) significan que la tecnología predice la ejecución de nuestras decisiones. La experiencia de control se ha visto profundamente alterada.
Sin embargo, esto no es necesariamente algo malo. Los pacientes con ELA y otras enfermedades que afectan el habla ya se benefician de la comunicación con los equipos médicos y las familias gracias a tecnologías a menudo descritas como "lectura de la mente". Ahora se está produciendo una migración silenciosa de las clínicas a la vida cotidiana. Lo que alguna vez pareció clínicamente inusual pronto puede convertirse en algo socialmente común. La prótesis se convertirá en la infraestructura.
Neurotecnología en el mundo real
Algunas empresas ya están empezando a explorar la neurotecnología para controlar la productividad. Los trabajadores del transporte, incluidos conductores y pilotos, son cada vez más vigilados para detectar signos de fatiga. Grupos de investigación están desarrollando interfaces de voz silenciosas como AlterEgo del MIT, que interpreta señales neuromusculares sutiles para controlar aplicaciones sin palabras habladas.
Si bien estos avances dentro del Cambio Neurotecnológico son impresionantes, es vital que comprendamos completamente sus implicaciones antes de que se conviertan en partes invisibles de la vida cotidiana. En el aula, por ejemplo, algunas escuelas están utilizando la neurotecnología con el propósito éticamente cuestionable de monitorear la atención de los estudiantes, mientras que otras están explorando cómo puede beneficiar y apoyar la educación.
Aún quedan desafíos técnicos por superar. En general, cuanto más invasiva y con mayor equipamiento sea la neurotecnología médica, más precisa y confiable será. Pero llevar la neurotecnología a la vida cotidiana requiere dispositivos portátiles no invasivos. Lo que salva vidas dentro de los hospitales no necesariamente funciona fuera de ellos.
Este desajuste puede generar expectativas infladas y presión para lanzar dispositivos al mercado antes de que estén completamente listos, como lo demuestra el reciente debut de la nueva pulsera de Meta, que traduce señales nerviosas sutiles en la muñeca en comandos digitales.
Protección de derechos y libertades.
Las cuestiones éticas que rodean el cambio en la neurotecnología apenas están comenzando a surgir. ¿Quién tiene realmente el control: el usuario o el dispositivo? ¿Cuáles son los límites entre los usos aprobados y no aprobados de los datos neuronales? ¿Cómo deberíamos, como sociedad, gestionar los riesgos de la desigualdad en el acceso a la neurotecnología y la presión sobre aquellos individuos que no quieren utilizarla?
Todavía estamos en las primeras etapas de este cambio, por lo que las respuestas a estas preguntas aún no están claras. También siguen sin resolver varias cuestiones sobre el rendimiento en el mundo real, la confiabilidad entre diferentes usuarios y las consecuencias socioeconómicas. Aunque se han logrado algunos avances en forma de principios éticos en los últimos años, queda mucho trabajo por hacer para traducir estos principios en mecanismos prácticos para gestionar la neurotecnología.
El cambio en la neurotecnología implica una triple transformación. Sin duda se trata de una transición tecnocientífica. También es un cambio cognitivo, porque reorientará la forma en que enfocamos, percibimos y tomamos decisiones. Finalmente, también marca un giro sociocultural que afectará nuestros hábitos y relaciones, las normas sociales y legales que definen cómo vivimos juntos e incluso cómo imaginamos nuestro lugar junto a la tecnología. Al penetrar en la vida cotidiana, la neurotecnología ya está desdibujando los límites entre tecnología, mente y sociedad.
Una canción famosa advirtió una vez contra una sociedad que habla sin una verdadera conexión. Un cambio instantáneo y silencioso puede cambiar esa idea y ayudarnos a comunicarnos sin hablar. Dependerá de nosotros si esto conduce a una conexión más profunda o simplemente a nuevas formas de silencio.

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