¿Es deseable y una prioridad que todos los estudiantes con discapacidades del desarrollo se integren en las mismas aulas que los demás? ¿O aprendes y te desarrollas mejor, en algunos casos, en centros diseñados específicamente para tus necesidades?
El debate sobre si la educación inclusiva en la escuela ordinaria (todos los niños juntos en un mismo centro) puede coexistir con la educación especial (escuelas especiales para niños con discapacidad) se ha intensificado desde que la ley española de educación la definió como la modalidad preferente y más inclusiva, reclamando "en un plazo de diez años (...) que los centros regulares cuenten con los recursos necesarios para poder atender a los alumnos con las mejores condiciones".
Actualmente, el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deporte está desarrollando el Plan Estratégico de Educación Inclusiva 2025, que pretende concretar respuestas educativas "que garanticen el derecho a la presencia, la participación y el aprendizaje de todo el alumnado", partiendo de que "las barreras al acceso y a la participación en contextos ordinarios siguen siendo una realidad para muchos estudiantes". Este enfoque establece, por tanto, que lo deseable para todos los estudiantes es el acceso a la escuela regular.
De acuerdo con lo dispuesto en esta ley española, distintos autores y colectivos entienden la educación especial (que hasta hoy ha sido una de las modalidades básicas de escolarización del alumnado con discapacidad) como una opción de segregación. Sin embargo, ¿puede la educación especial ser relevante para algunos estudiantes a la hora de hacer realidad su derecho a la educación?
De un principio universal a una realidad concreta
Si bien la inclusión en las escuelas regulares puede parecer un principio incuestionable, la realidad de algunos estudiantes y sus familias muestra que en ocasiones no es una prioridad para ellos.
La educación debe partir de las circunstancias específicas de cada alumno. Esto implica aceptar que, en algunos casos, el principio de educación inclusiva en las escuelas regulares debe ser revisado de manera situacional y teniendo en cuenta su singularidad.
La implementación rígida de la educación inclusiva podría, paradójicamente, debilitar el pilar principal: la atención a la diversidad. En este sentido, algunos autores afirman que en la medida en que la definición más básica de educación sea esencialmente inclusiva, debe ser precisamente diferenciadora.
Educación inclusiva con sentido
En un estudio reciente, introdujimos el concepto de "educación inclusiva significativa". En él, cuestionamos si las escuelas regulares son necesariamente la mejor opción, en la práctica, para todos los estudiantes con discapacidad, incluso cuando tienen los recursos. Este concepto pretende contribuir a la toma de decisiones sobre modalidades de escolarización que vayan más allá del principio que a priori se establece como deseable para todos, respetando las tensiones existentes.
En ocasiones, y dependiendo de las circunstancias y necesidades específicas de los estudiantes y sus familias, la educación inclusiva en las aulas regulares puede no ser adecuada. Factores como el cuidado de la salud física, el bienestar psicológico o la capacidad de entablar amistades con compañeros con intereses similares pueden hacer que la educación especial sea la opción más beneficiosa para algunos estudiantes con discapacidades.
Por ello, abogamos por una aplicación flexible de la idea de escuela inclusiva, que tenga en cuenta la diversidad y singularidad real de cada alumno. Entender la educación especial como una simple opción de separación no reconoce que para algunos estudiantes este tipo de modalidad es su camino hacia la sociedad.
Grupos de inclusión y referencia
En particular, este pensamiento es particularmente oportuno en el caso de estudiantes con discapacidad intelectual y altas necesidades de apoyo. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, incluir a un adolescente cuyo aprendizaje realmente significativo tiene que ver con habilidades básicas de comunicación o de autocuidado en un grupo de estudiantes de su misma edad sin discapacidad que estarían estudiando fracciones o geometría?
Para lograr una educación inclusiva, la LOMLOE propone el Diseño Universal para el Aprendizaje (UDA), que consiste en especificar metodologías de enseñanza que proporcionen múltiples medios de enseñar, expresar y motivar a los estudiantes. En los últimos años también se ha impulsado la coenseñanza o coenseñanza como metodología para abordar la diversidad.
Sin embargo, no se trata (sólo) de cómo uno aprende y aprende, sino del conocimiento que uno adquiere. Y debería estar dentro de las capacidades de cada estudiante y ser valioso para ellos.
Experiencias de exclusión en escuelas inclusivas
En este sentido, incluso el mejor diseño de aprendizaje universal que podamos imaginar no nos ayudaría a enseñar contenidos que no puedan asimilarse a partir de las circunstancias de los estudiantes que más nos apoyan.
Su inclusión en el aula regular junto con otros estudiantes no discapacitados de su misma edad puede ser una forma de violencia que no toma en cuenta sus circunstancias. Experiencias aparentemente inclusivas pueden transformarse en experiencias de exclusión. Esto sucede cuando, por ejemplo, un estudiante con una discapacidad del desarrollo tiene que aprender contenidos diferentes al resto de la clase; o, a menudo, salen del aula, en grupos separados.
¿Qué pasa después de la escuela?
La educación que recibimos en la edad escolar afecta nuestra vida adulta. En este sentido, también es necesario considerar qué aprendizajes son más útiles para una vida plena en la sociedad de los estudiantes con discapacidades del desarrollo.
En las escuelas especiales existen experiencias que han demostrado ser positivas para la inclusión social de las personas con discapacidad a lo largo de su vida, gracias al aprendizaje de conocimientos relevantes y un adecuado desarrollo psicosocial y físico.
También hay excelentes experiencias en escuelas ordinarias y otras escuelas que son "potencialmente exclusivas de la vida adulta, por la experiencia de aislamiento, falta de amistad verdadera, etc."
Aplicación crítica y concreta
La educación debe reconocer la singularidad sin abandonar los principios generales, asumiendo que puede haber casos en los que la formación con estudiantes similares pueda resultar útil y deseable. Es decir, la educación inclusiva es un principio que debe aplicarse de manera crítica y concreta, no de manera abstracta y teórica.
Además, la educación especial ha sido históricamente foco de innovación y transferencia pedagógica a las escuelas regulares, como lo demuestran los inicios de María Montessori en su atención a niños con discapacidades del desarrollo o el trabajo sobre las competencias desarrolladas durante décadas en estos centros. Por tanto, su existencia no supone un retroceso, sino la preservación de un recurso esencial para la formación de muchos estudiantes.
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