Tres carboneros comunes (_Parus major_) se alimentan en el comedero. Natalia Bachkova/Shutterstock
Hace unos días me encontré con una cuenta en redes sociales que hablaba de la importancia de poner comederos con comida para las aves silvestres. Común en algunos países europeos y América del Norte, esta práctica se ha considerado durante mucho tiempo beneficiosa para las aves.
La publicación explicó que puede haber algunos efectos negativos, pero que se ven compensados por los positivos, y que algunos informes muestran que las poblaciones que utilizan comederos obtienen resultados tan buenos o mejores que aquellas que no los utilizan.
Si eso fuera cierto, tendríamos un problema, porque estaríamos beneficiando a aquellas especies que son más proclives a acceder a estructuras artificiales. Además, no está claro que proporcionar ese alimento "adicional" sea siempre positivo para las aves. Algunos artículos científicos muestran que, en realidad, puede ser perjudicial.
¿Y qué dice la ciencia al respecto?
Por ejemplo, en un estudio realizado con herrerillos azules (Cianistes caeruleus), los científicos demostraron que esta suplementación durante el invierno reducía el éxito reproductivo durante la primavera siguiente. Los polluelos de la población suplementada eran más pequeños y sobrevivieron peor que los de los padres no alimentados. La hipótesis sugiere que, tal vez, los adultos que se alimentaban en exceso con comederos estaban en peor condición física porque la comida era de peor calidad que su dieta natural (quizás contenía demasiada grasa, como era el caso).
De hecho, en otro estudio en el que las aves comieron maní, no se observó tal efecto negativo. Los investigadores del primer estudio también discutieron que el efecto global puede deberse a que la suplementación durante el invierno favoreció la supervivencia de individuos de menor calidad, que se comportaron peor durante la reproducción (y sin ayuda de comederos en primavera).
Otro artículo que analizó carboneros y carboneros (Parus major) no encontró efectos claros de la alimentación suplementaria en la reproducción de los individuos, pero encontró que la comida facilitó la supervivencia y posterior reproducción de aves menos competitivas. Cuando pasaron a formar parte de la población reproductora, aumentó la competencia por los recursos.
Los autores sugirieron que los comederos pueden facilitar la reproducción de aves en territorios marginales o la reproducción de individuos de menor calidad, porque en su estudio los ejemplares juveniles utilizaron más el alimento que recibieron que los individuos de mayor edad.
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Hay varios expertos que sostienen que la alimentación "suplementaria" de las aves silvestres probablemente sea más perjudicial que beneficiosa. Por ello, el estudio de 2021 se centra en las consecuencias para aquellas especies que no son objetivo de alimentación suplementaria. Entre ellos, señalan que las especies más comunes y adaptables, que utilizan más los comederos, pueden verse favorecidas y que también pueden exponer a los receptores originales a mayores tasas de depredación y competencia.
Incluso puede favorecer la transmisión de enfermedades entre especies que normalmente no interactúan: en el Reino Unido, se descubrió que una especie de parásito protozoario del género Trichomonas saltaba de las palomas a varios pinzones, pinzones y pinzones que se alimentaban en los comederos, provocando una epidemia de tricomoniasis, una gran amenaza para las aves.
Este artículo también muestra cómo las tendencias poblacionales de especies que suelen alimentarse en zonas de alimentación son favorables, mientras que las de especies que no suelen ir allí son en la mayoría de los casos negativas. Esto plantea la pregunta de si su uso está detrás de estas diferencias: ¿podría la alimentación a escala masiva en los jardines del Reino Unido provocar que un grupo de especies subordinadas menos comunes que no utilizan comederos no puedan competir con las especies abundantes y dominantes que sí lo hacen?
El caso de las aves carroñeras
La nutrición suplementaria es una forma de intentar mejorar la situación de las poblaciones vulnerables, especialmente cuando la falta de alimentos naturales es uno de los factores de riesgo. Pero esta práctica, a menudo exitosa, también nos ha enseñado que la suplementación no tiene efectos exclusivamente positivos.
En España se han investigado las consecuencias potencialmente negativas de esta práctica sobre las aves carroñeras. La disminución del tamaño poblacional de buitres y otras especies en la Península Ibérica ha llevado a la Administración a proporcionarles alimento en las llamadas medianías, zonas donde tradicionalmente se han abandonado los cadáveres del ganado doméstico.
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Los mosquitos fueron esenciales para la recuperación de las poblaciones de buitres, pero después de un examen detallado se descubrió que la forma en que la administración gestionó las zonas de alimentación podría haber tenido efectos menos positivos. Los basurales se han transformado, según algunos investigadores, en "restaurantes de buitres", con grandes cantidades de comida concentradas en varios puntos y de forma predecible en el tiempo, modificando así el hábitat en cuanto a recursos alimentarios de los buitres.
Si los alimentos se suministran de forma centralizada en momentos predecibles en el tiempo y el espacio, se favorece la monopolización de la carroña por parte de unas pocas especies particularmente dominantes y agresivas, como el buitre leonado (Gips fulvus).
En un estudio realizado en el norte de España se comprobó que la diversidad de las especies que utilizaban la carroña dependía del número de buitres leonados que iban al medio: cuantos más buitres, menor era la diversidad de las especies que se alimentaban.
Cuando la carroña aparece en el medio de forma impredecible en el tiempo y el espacio, el número de especies que la aprovechan es mayor, y son más utilizadas por aves de menor tamaño (como el alimoche o los milanos, algunas de las cuales están en peligro de extinción).
De estos trabajos se concluye que la gestión de las zonas de alimentación es importante. Los expertos sugieren que se debe considerar la suplementación en los casos en que el mantenimiento de poblaciones basadas en carroña de animales salvajes o en la ganadería extensiva (impredecible en el tiempo y el espacio) esté amenazado.
En cualquier caso, los puntos de alimentación deberían crearse como una cadena de lugares donde se suministra comida esporádicamente para evitar la concentración de recursos y carroñeros.
Si bien es cierto que los piensos y suplementos pueden resultar beneficiosos en determinados casos, su uso sólo debe plantearse en aquellos escenarios donde las poblaciones estén atravesando problemas demográficos. Y, además, intentar dirigirlos a aquellas aves que puedan necesitarlos, en lugar de ponerlos a disposición de la mayoría de especies inclinadas a utilizarlos.
Es decir: si realmente nos importa que la naturaleza mantenga su equilibrio, debemos evitar el uso masivo e indiscriminado de estas prácticas.

Juan Gabriel Martínez no recibe remuneración, no consulta, posee acciones ni recibe financiamiento de ninguna empresa u organización que pueda beneficiarse de este artículo, y declara que no tiene afiliaciones relevantes distintas al cargo académico mencionado anteriormente.
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