La pobreza, el hambre y las enfermedades en el extranjero conducen a la anarquĆa, la inestabilidad, la revolución y el terrorismo que amenazan los intereses estadounidenses, y a los estadounidenses, dentro y fuera del paĆs. Por eso nuestro segundo medio de autodefensa mĆ”s importante, despuĆ©s del ejĆ©rcito, es la ayuda exterior. AdemĆ”s, nuestras inversiones en desarrollo dan sus frutos cuando los paĆses pobres se vuelven lo suficientemente prósperos como para convertirse en socios comerciales. Hay que reconocer que el Presidente Obama y la Secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton se dan cuenta de esto y lo han dicho repetidamente; simplemente no parecen tener mucha prisa por poner esa filosofĆa en prĆ”ctica.
El martes, despuĆ©s de un retraso de 10 meses que inquietó aĆŗn mĆ”s al desmoralizado personal de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Obama finalmente anunció a su candidato para encabezar la agencia. El Dr. Rajiv Shah, actualmente subsecretario del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, es una elección popular entre los expertos en ayuda, un mĆ©dico que, a sus 36 aƱos, tiene un currĆculum que serĆa muy impresionante para un hombre que le dobla la edad. Si es confirmado, heredarĆ” una agencia en transición, con un pasado decepcionante y un futuro incierto.
Las disputas polĆticas son comunes en la comunidad del desarrollo, pero existe un acuerdo casi universal en que USAID en particular, y los esfuerzos de ayuda exterior estadounidense en general, son un caos. Un sistema creado en 1961 para manejar la ayuda exterior para un mundo de Guerra FrĆa -que en ese momento significaba principalmente entregar dinero a dictadores que prometieron luchar contra los revolucionarios comunistas- no funciona bien hoy. Las decisiones de desarrollo las toman 25 agencias diferentes, con poca coordinación y sin una dirección polĆtica general, de modo que la financiación a veces se duplica o se dirige a prioridades equivocadas. AdemĆ”s de la falta de objetivos claros, nuestro sistema de ayuda, que gastó 26.000 millones de dólares en desarrollo el aƱo pasado, carece en gran medida de mecanismos para monitorear y evaluar su eficacia.
Frustrados por dĆ©cadas de inacción, algunos miembros del Congreso se estĆ”n inquietando. En el Senado, un proyecto de ley patrocinado por los senadores John F. Kerry (D-Mass.) y Richard G. Lugar (R.-Ind.) crearĆa nuevas oficinas dentro de USAID para la planificación y evaluación de la ayuda estratĆ©gica. Mientras tanto, el representante Howard L. Berman (D-Valley Village) tiene un proyecto de ley que pide al presidente crear una estrategia nacional sobre asistencia exterior. Si bien es bueno que se preste tanta atención a la ayuda exterior, estos proyectos de ley simplemente exigen revisiones y reformas que ya estĆ”n en marcha, aunque a un ritmo glacial; Tanto Clinton como Obama han iniciado evaluaciones separadas del sistema de ayuda, cuyos resultados iniciales no se esperan hasta el próximo aƱo.
El presidente tiene una asombrosa lista de cosas por hacer, pero la nominación de USAID deberĆa haberse hecho hace meses, y los defectos del sistema actual son ampliamente conocidos y bien documentados. Sigamos solucionĆ”ndolo.
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