En el extremo sur del planeta, donde se encuentran el hielo, los volcanes y el océano, investigadores españoles han registrado con precisión las fluctuaciones del nivel del mar en las islas de Decepción y Livingston, dos enclaves estratégicos de las Islas Shetland del Sur. El océano refleja los cambios en el clima global: almacena calor, recibe agua del deshielo y muestra sus efectos a través de las variaciones en el nivel del mar. Más allá de los resultados, también es una historia de perseverancia y ciencia en un entorno extremo.

Caldera volcánica en la Isla Decepción. Wikimedia Commons., CC BI trabajo de campo (helado)
Alrededor del 70% del agua dulce del mundo se concentra en la Antártida; Pequeñas variaciones en su masa de hielo afectan a las costas de todo el planeta. Además, como área protegida por el Tratado Antártico, la región representa un laboratorio natural ideal para estudiar los efectos del cambio climático.
Nuestro proyecto combinó modernos sensores oceanográficos con un estricto control geodésico para establecer referencias precisas. Ampliamos mediciones previas de corto plazo y generamos un registro continuo de largo plazo. Estos datos sirven de puente entre las observaciones de campo y la altimetría satelital, contribuyendo a la mejora del seguimiento del nivel del mar en la Antártida.
Y, aunque los satélites proporcionan una visión global, son necesarias observaciones locales para validar sus mediciones.

Medición y georreferenciación de sensores realizada por los autores. Bismarck Jigen Antello.
Con este objetivo, se establecieron dos estaciones cerca de las bases españolas de Gabriel de Castilla (Isla Decepción) y Juan Carlos I (Isla Livingston), puntos clave para obtener referencias fiables del nivel del mar y comprender la dinámica del Océano Austral.
Un laboratorio natural en el fin del mundo
La Isla Decepción es una caldera volcánica activa inundada por el mar. Su bahía, denominada Puerto Foster, combina un refugio natural con riesgos geológicos, lo que convierte la medición del nivel del mar en un desafío técnico. Livingston, por el contrario, es una isla abierta al océano, formada por glaciares y sujeta a condiciones marinas más dinámicas. Juntos representan dos escenarios diferentes para estudiar el comportamiento de los océanos.
Estas islas fueron centros de referencia del programa antártico español y acumularon décadas de mediciones de mareas. Nuestro proyecto se basa en ese legado científico, incluida la instrumentación avanzada para actualizar y ampliar los registros existentes.
Midiendo el pulso del océano
En 2011 se instalaron estaciones meteorológicas y meteorológicas en ambas islas: DECMAR en Deception y LIVMAR en Livingston. Cada estación incluía sensores de presión sumergidos para medir el peso de la columna de agua, junto con sondas CTD, instrumentos oceanográficos de alta precisión que miden la conductividad, la temperatura y la profundidad.
En tierra, las estaciones se vincularon a puntos geodésicos mediante nivelación de alta precisión (una técnica topográfica para medir diferencias de altura entre puntos con precisión milimétrica) y posicionamiento GNSS (Sistema Global de Navegación por Satélite). Esto permitió integrar cada lectura en un marco de referencia internacional, un paso esencial para distinguir los verdaderos cambios oceánicos de los movimientos verticales de la tierra.

Control de altimetría de sensores de presión amarrados en la Isla Decepción. Bismarck Jigen Antello.
El sistema también registró la presión atmosférica y otros parámetros necesarios para corregir las variaciones. Durante los inviernos antárticos, el equipo funcionó de forma autónoma, soportando meses de tormentas, hielo y falta de mantenimiento. A su regreso en verano, los instrumentos estaban cubiertos de nieve, pero todavía estaban operativos y registraban datos valiosos.
Dos años bajo el hielo
Durante más de dos años se han recopilado datos sobre mareas, ciclos estacionales y marejadas ciclónicas. A pesar de las condiciones extremas, la precisión alcanzada fue de un centímetro.
La comparación entre estaciones reveló diferencias consistentes: Deception, ubicada en una caldera cerrada, mostró una mayor dependencia de las condiciones atmosféricas y geotérmicas locales; Livingstone, abierto al océano, registró señales representativas del comportamiento del Océano Austral.
En conjunto, estos datos representan una de las referencias del nivel del mar más confiables en las Shetland del Sur y son esenciales para monitorear el clima de la región.
Su significado para el planeta
Variaciones aparentemente pequeñas en el nivel del mar tienen grandes repercusiones en los modelos climáticos. Así, las mediciones locales ayudan a mejorar las predicciones sobre el futuro de las costas en un escenario de calentamiento. También sirven para calibrar misiones de satélites como CrioSat-2 y Sentinel-6, lo cual es esencial para garantizar la coherencia de las observaciones globales.

La misión Sentinel de la Agencia Espacial Europea lleva un altímetro de radar para observar los cambios en la superficie del mar con precisión centimétrica. ESA., CC BI
La Antártida también experimenta movimientos verticales de la tierra debido a cambios en la carga de hielo. Los enlaces geodésicos establecidos permiten separar estos movimientos de las variaciones reales del nivel del mar, mejorando la interpretación de las señales a largo plazo.
La ciencia española en la frontera
Este proyecto, que integra geodesia, geofísica, oceanografía y climatología, se enmarca en la continua contribución de España a la investigación polar. Esto es posible gracias a la colaboración entre universidades, programas nacionales, bases antárticas y barcos de investigación.
Trabajar en la Antártida requiere lidiar con averías de equipos, congelación de instrumentos y dificultades logísticas. Sin embargo, cada dato encontrado demuestra la resiliencia de los equipos y el valor científico del esfuerzo.
Las mediciones realizadas en Deception y Livingstone muestran que, incluso en los lugares más remotos, es posible observar con precisión los mecanismos del cambio global. Escuchar el pulso del océano es escuchar la continua transformación de nuestro planeta.
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